Encontronazo

por Lázaro J. Fierro

De allende los mares zarparon ansiosos;
traían en la mente como su ambición:
especias, caoba, el oro y la plata
y todo tesoro de mi gran nación.

Dos meses pasaron en la inmensidad.
Y cuando ya estaban por agonizar,
“¡Tierra a la vista!”, gritaba De Triana.
Todos se agolparon a ver a la mar,
Y allá, a lo lejos, surgió el espesor.
“¡Estamos salvados, milagro, señor!”

Bajó el almirante y besó la tierra.
Clavó su bandera, la espada y su cruz.
“Todo esto que veo, hasta la pradera,
allá donde empieza a surgir la luz,
es por mí entregado a mi soberano.
¡Cuán ricos seremos: señores y amos!
Negocios y esclavos vendrán en alud”.

No les importaba que hubiera nativos.
Ellos no contaban, ni su voluntad.
Fueron recibidos como a los amigos.
Les dieron comida y sinceridad.
Y los ambiciosos, mientras se saciaban,
buscaban en ellos su debilidad.
No tienen caballos, corazas o espadas.
Es fácil vencerlos, robarles su hogar.

Cruel y desalmado era el tal Colón,
Sólo por probar su espada y su filo;
decíale a mi ancestro, “Levanta tu brazo”.
Y una vez que estaba alzado y en vilo,
cortaba de tajo, sin contemplación.

Con malas excusas que ahí se inventaron,
robaronle todo a mis ascendientes.
“Son unos salvajes, no tienen cultura.
La lengua que hablan no es de nuestra altura.

Y su religión surge de las fauces del fuego y del mal;
matan a doncellas cual vil animal.
Ni siquiera tienen saber de la rueda.
Usan taparrabos, no ropa de seda,
y tienen costumbre extraña, banal.

“Vamos a apiadarnos de estas criaturas,
Voy a darles todo de lo que carecen:
la lengua, los templos, vírgenes, monturas.
Y a cambio tendremos lo que TÚ mereces:
esclavos, las tierras, todo lo que crece”.

Mas no podían solos con ese trabajo.
Mintieronle a otros de carácter bajo.
“Cuando derrotemos a esos aztecas,
ya no más tributo, ya no más jaquecas”.
Lo que no dijeron era que su impuesto
lo darían en sangre, lágrimas y muecas.

Son innumerables las grandes matanzas,
hechas por barbados y por los traidores.
Mis antepasados, con flechas y lanzas,
echar no pudieron a los invasores.

¿Éramos salvajes por no tener rueda?

Sí la conocíamos, señor invasor.
Pero en esta tierra, con tantas montañas,
sin bestias de carga, con tanto calor;
no era nada útil el uso de rueda.
El bulto en la espalda se carga mejor.

¿Qué es lo que me dieron?
¿Me dieron la lengua?

Antes que vinieran los depredadores,
ya Nezahualcóyotl y otros autores
cantaban sus loas al viento y al sol,
poemas que oían los alrededores;
sonaban sus ecos con mucho fervor.

¿Qué es lo que me dieron?
¿Me dieron cultura?

Mi pueblo de Anáhuac ya era milenario
cuando Hernán Cortés y sus mercenarios
pisaron la tierra de la Vera Cruz.

¿Qué es lo que me dieron?
¿Alguna creencia?

Mis sitios sagrados todos enterraron.
“No habrá sacrificios ni más perdición”.
Dijeronle a todos los que se enteraron.
Y vino la iglesia, su cruz y su dios,
y la mal llamada “santa” inquisición.
mas no era otra cosa que un teje y maneje,
para arrebatarles toda posesión.

Y lo que me dieron, señora, señor,
no hay razón alguna para agradecer.

Me dieron la gripe, sífilis, viruela;
me dieron un amo con todo y parcela
para trabajarla con sangre y sudor.
Me dieron fuetazos, golpes, latigazos;
me dieron tortura, me dieron dolor.

Trajeron la peste, ¡hasta la calvicie!
¿Y así no quieren que yo me desquicie?

Un ancestro mío que iba a la mina;
seis meses duraba en esa labor.
Moría de cansancio, de poca comida;
moría como esclavo, sin ningún honor.

Mas eso no es todo, oh, no, no señor.
Me hicieron corrupto, me hicieron ladino,
me hicieron inútil, me hicieron mezquino;
me hicieron pensar que no tenía valor.

Esos invasores, todo me quitaron:
mis hijas, mi tierra y mi libertad;
mi orgullo, mi estirpe y mi dignidad.

De aquel orgulloso tenochca, mexica,
ya muy poco queda en su nuevo hogar.
Me miran correr cuando alguien me llama,
Me miran correr cuando alguien me llama,
quitarme el sombrero, y sin vacilar
bajar la cabeza, un día soberana,
“Mande, Su Mercé”, y después callar.

Ya medio milenio se ha consumido,
y mi gente sigue en la oscuridad.
No tienen escuela, no tienen trabajo,
no tienen doctores, sólo enfermedad.

Y ahora que saben lo que ha sucedido;
después que pasara el ENCONTRONAZO.
¿Aún piensan ustedes que este individuo,
debe estar por siempre muy agradecido,
de todo lo malo que ha habido a su paso?
¿Piensan que yo debo, el 12 de Octubre,
celebrar con júbilo y algarabía?

¿Con todo el dolor que ahora me abraza,
debo vitorear el día de la “raza”?

No, no, no señores. El 12 de octubre me llena de luto.
Trae a mi memoria todo lo que pasa.
Recuerdo a mi pueblo, dando todo el fruto,
quedando para ellos, sólo la migaja.